Andaba tan sola que me perdí. Me perdí en tu mirada. En tus besos y caricias. Y en el fondo de tu alma sabes que tú te perdiste conmigo.
Me tienes, te tengo.
Y la distancia insalvable que habíamos logrado obviar nos mantenía inútilmente separados, polos opuestos que jamás se funden. Y nos fundimos.
El calor de tus labios cerrándose en los míos. El poder de tenerte de nuevo en mis brazos, de arrastrarte hacia mí al tiempo que me siento atrapada en tu seguro abrazo. El recorrer una vez más con mis dedos esa espalda, ése cuello, esos brazos, ésa cara que el tiempo no me había dejado olvidar. Y si, el sentir tu corazón contra mí. Tus manos recorriendo mi perfil, buscando llegar donde no te dejé, siempre con sonrisa picarona pero decidida. Siempre con un beso al aire dispuesto a volar hacia ti para proponerte un juego del escondite al venirme a buscar.
Te había echado de menos.
