
De Courage a Mizpah, por toda una vida.
De pequeñita conocía a un hada. Una princesita que se empeñaba en asegurar que en crecer, un par de alas angelicales de brillantes plumas blancas brotarían de su espalda, de aquella dulce pequita negra, negra como la noche en la que tantas veces la he visto llorar, reír y sí, de “vez en cuando” bailar. Pero la niñita creció, se convirtió en señorita, y jamás un solo signo externo mostró su auténtico ser, su gran secreto. Tan sólo puede verse si te sumerges donde nadie ve, si te atreves a viajar en su expansiva mente dueña del más tierno corazón: un número 2.
Casi 16 años hace ya que la vi por primera vez, jugando en la casita de muñecas con su largo pelo lacio recogido con su cintita blanca. Me hablaste y no te entendí. Que lengua era esa? Pero te cuento un secreto? A veces, una sonrisa de la mano de una mirada expresa mucho más que dos palabras. Y puedo asegurarte que aunque no siempre nos entendemos, nos bastará un abrazo para olvidar en un suspiro todos los pequeños enfados que se nos puedan enfrentar.
Y la hadita tuvo siempre un abrazo para mí, una mano hermana cuando me sentí caer, un consuelo, un proyecto para volver a confiar en el futuro. Ella, que tejía con frases de bocas más célebres una realidad enmelodiada, que derrochaba sentimiento en todas y cada una de sus acciones “porque vivir la vida con sentimiento te hace sufrir más, pero también disfrutarla como nadie”.
Dicen que guarda una cajita verde para esconder todos aquellos cigarrillos que nunca fumará, que ahoga en un café los sueños imposibles, fracasos y ganas de huir del deber, y que es capaz de resumir su vida entera en esa lista de canciones que encierra su pequeño Ipod color esperanza.
Ella me enseñó a pensar, a sentir la vida como una belleza regalada, aunque jamás fácil; a no discutir con idiotas que te rebajan a su nivel, a ser suspicaz con el sexo opuesto, y siempre, siempre mantener las riendas en mi poder. Y podré recordar siempre sus consejos acerca de todo, consejos que jamás le vi aplicar.
Por ella, escribo esto hoy. Porque la hadita ya no es más una niña, ahora lo es en esplendor.
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